La supresión del tiempo cronológico, ciertos fragmentos del pasado pueden ser traídos al presente a través de una melodía, de una impresión visual, de una textura, a raíz de un texto literario. Proust concibe al arte como búsqueda, como la ineludible puerta capaz de allanarnos el paso a un universo en donde las conceptuaciones, en donde lo cuantificable, se pulverizan ante la contundente voz de lo sutil. El lenguaje del arte es la voz de la fluencia, de la duración de aquello que trasciende la apatía y la repetición de lo cotidiano. Esta película está basada en el último volumen de En busca del Tiempo perdido de Marcel Proust.
miércoles, 23 de marzo de 2011
ESCENA DE "EL TIEMPO RECOBRADO" de Raoul Ruiz
sábado, 19 de marzo de 2011
En Tiempo Real (vigilia) Otra Falsa Puerta
Se multiplicaron los silencios. Se diseminaron los antiguos náufragos que a tu diestra caminaban el mundo. Se delatan los falsos héroes, ofrendando los mismos artificios a un hombre cada vez más despierto, cayendo en el eterno caer. Se devoran los dueños de la historia, mientras la música subyace oculta, permanece, exhala un tenue reverbero de niebla. Se cortejan los ciegos. Se subliman los sordos. Se traicionan los soberbios hacedores del relato, doblegados por la enorme voz de los perdidos niños. Se entumecen mis palabras. Se suicidan tus primeras luces en un vasto presente, desierto de verdes, mares y espuma. Se ennochece la clara noche anticipando escaleras mágicas. Se atomiza el rostro de quienes transitaron a sus anchas por los barrios fáciles, el misterio se ha vuelto farsa, se ha vuelto carne que se pudre, se ha vuelto humana predilección. Se silencia mi experiencia. Se prolonga mi oeste. Se aniquila la fluencia en mi vocablo...
lunes, 14 de marzo de 2011
En Tiempo Real (el sueño) -Otras Luces Involuntarias-
Alumbran, ensordecen las voces de los que ocultan el sagrado y femenino susurro del silencio. Necesitas un deceso para hallarlas nuevamente. Escaleras que arrastran a ese ingrávido niño que vuelve en la noche, trasuntando lo real en lo Real, traduciendo al tiempo en Tiempo. Aliados de un viejo camino, encontrando tus eternos rostros de manzanas y pamperos, uniendo ciudades en el brumoso acorde de una efímera muerte. Emerge el agua sepultada por la niebla pesada de un camino donde se flota solitario, hacia una nada que prepara en su fértil preludio, la fantástica rebelión de la experiencia. Un todo involuntario, no hay en el otro lado más que verdades, más que las últimas palabras, más que la última llave de la inagotable libertad...
lunes, 7 de marzo de 2011
González versus El Escribidor
Todos hemos sido testigos en estos días de la controversia que han causado las declaraciones de Horacio González acerca de la conferencia que va a celebrar Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro. Sinceramente, creo que se ha cometido el error en muchos debates de abordar el tema eludiendo ciertas aristas que necesariamente deben ser contempladas, según mi opinión. La primera, y creo que tal vez la más importante, es que pareciera que a muchos no nos ha quedado claro que el hecho de que una persona haya elegido construir objetos artísticos como forma de expresarse, desde el ámbito de la expresión que sea, no la obliga a abarcar indelegablemente la esfera de lo político, y dentro de lo político, la preocupación por la justicia social. Me parece pertinente empezar por esto porque observo con frecuencia cómo, quizás desde ese ingenuo y poco precavido romanticismo con que a menudo pensamos lo tocante con el arte, concebimos a los artistas indefectiblemente como personas con un pensamiento político inobjetablemente progresista.
Seamos conscientes de que hemos tenido ejemplos sobrados en nuestro país que corroboran lo contrario, ¿hace falta nombrar a Borges, que opinó que la democracia era un abuso de la estadística, o a Mujica Láinez, quien en el mismo set televisivo español en el que Borges se pronunció a favor de la dictadura de Pinochet, se despachaba en un plañidero y casi patético alegato, narrando las desventuras vividas por su familia, la cual lo perdió todo —según Láinez—, debido la los despóticos manejos del populismo peronista?
Ahora bien, dejando esto en claro, y declarándome un admirador de estos dos escritores, sobre todo de la prosa soberbia de Manucho, considero que el arte, que la literatura, puede abarcar de manera igualmente eficaz y trascendente, la esfera de lo social, incluyendo dentro de lo social obviamente a lo político, y la esfera de todo aquello concerniente al sujeto; no caben dudas de que existe una interesantísima literatura que abarca mucho más profundamente los dominios de lo individual, que las temáticas sociopolíticas. Existen temas inherentes al individuo en los cuales lo político, si es que puede jugar un pequeño rol, no puede hacer demasiado. ¿No son la soledad, el desamor, el suicidio, la muerte, el sinsentido de la vida, temas innumerable e históricamente tratados en la literatura? ¿Es una literatura menor la de Proust, la de Borges, la de Woolf, autores todos estos a los cuales les interesó indiscutiblemente mucho más la esfera de lo individual, de lo subjetivo, que la de lo político?
Evidentemente el territorio vasto sobre el cual puede trabajar lo literario en relación con estos temas es enorme. Y remarco esto porque creo que en parte nos cuesta aceptar simplemente que hay intelectuales a los cuales les es indiferente lo justo en términos políticos y económicos, y tal vez anclemos equivocadamente en esa desilusión, ciertos aportes al debate sobre el tema González- Vargas Llosa.
Hecha esta aclaración, ¿cuando Mario Vargas Llosa declaró que los argentinos habíamos “elegido” vivir en la pobreza, o bajo gobiernos dictatoriales, bajo la vergonzosa impronta de la demagogia populista, estaba hablando sobre formalismo ruso, sobre el uso del adjetivo o la metáfora, o estaba emitiendo una clara opinión política? Es claro que estaba ejerciendo su absoluto derecho a manifestar un parecer respecto de la coyuntura política histórica y presente de la Argentina. Es por eso que yo propondría con la intención de aportar algo a este interesante debate dos cosas que me parece sensato e imprescindible tener en cuenta en esta controversia, la primera, y creo que la más importante, dejemos de lado el infantilismo romántico de creer que un gran artista incuestionadamente debe construir su obra en función de una mirada social de corte humanista. La lucidez estética y la capacidad de inquirir en lo sutil, muchas veces no van de la mano de la preocupación por el prójimo y de la intención de materializar una sociedad viable para todos. La segunda es que superemos el desengaño y le propongamos a Vargas Llosa que cuando llegue a Ezeiza declare a los argentinos si viene como escritor o como lobista de intereses económicos, y que en función de sus declaraciones, elijamos inteligentemente nuestro itinerario en la próxima Feria del Libro. Y por último, creo que estamos en todo nuestro derecho como parte aludida en las declaraciones del escritor peruano, a exigirle debatirlas, dentro o fuera del ámbito dela Feria , con un intelectual argentino que en el plano de lo político, se encuentre en la otra vereda, utilicemos las redes sociales para proponer candidatos y conservemos la esperanza en que el sentido del honor de Vargas Llosa, lo lleve a aceptar el reto, sería para alquilar balcones…
Seamos conscientes de que hemos tenido ejemplos sobrados en nuestro país que corroboran lo contrario, ¿hace falta nombrar a Borges, que opinó que la democracia era un abuso de la estadística, o a Mujica Láinez, quien en el mismo set televisivo español en el que Borges se pronunció a favor de la dictadura de Pinochet, se despachaba en un plañidero y casi patético alegato, narrando las desventuras vividas por su familia, la cual lo perdió todo —según Láinez—, debido la los despóticos manejos del populismo peronista?
Ahora bien, dejando esto en claro, y declarándome un admirador de estos dos escritores, sobre todo de la prosa soberbia de Manucho, considero que el arte, que la literatura, puede abarcar de manera igualmente eficaz y trascendente, la esfera de lo social, incluyendo dentro de lo social obviamente a lo político, y la esfera de todo aquello concerniente al sujeto; no caben dudas de que existe una interesantísima literatura que abarca mucho más profundamente los dominios de lo individual, que las temáticas sociopolíticas. Existen temas inherentes al individuo en los cuales lo político, si es que puede jugar un pequeño rol, no puede hacer demasiado. ¿No son la soledad, el desamor, el suicidio, la muerte, el sinsentido de la vida, temas innumerable e históricamente tratados en la literatura? ¿Es una literatura menor la de Proust, la de Borges, la de Woolf, autores todos estos a los cuales les interesó indiscutiblemente mucho más la esfera de lo individual, de lo subjetivo, que la de lo político?
Evidentemente el territorio vasto sobre el cual puede trabajar lo literario en relación con estos temas es enorme. Y remarco esto porque creo que en parte nos cuesta aceptar simplemente que hay intelectuales a los cuales les es indiferente lo justo en términos políticos y económicos, y tal vez anclemos equivocadamente en esa desilusión, ciertos aportes al debate sobre el tema González- Vargas Llosa.
Hecha esta aclaración, ¿cuando Mario Vargas Llosa declaró que los argentinos habíamos “elegido” vivir en la pobreza, o bajo gobiernos dictatoriales, bajo la vergonzosa impronta de la demagogia populista, estaba hablando sobre formalismo ruso, sobre el uso del adjetivo o la metáfora, o estaba emitiendo una clara opinión política? Es claro que estaba ejerciendo su absoluto derecho a manifestar un parecer respecto de la coyuntura política histórica y presente de la Argentina. Es por eso que yo propondría con la intención de aportar algo a este interesante debate dos cosas que me parece sensato e imprescindible tener en cuenta en esta controversia, la primera, y creo que la más importante, dejemos de lado el infantilismo romántico de creer que un gran artista incuestionadamente debe construir su obra en función de una mirada social de corte humanista. La lucidez estética y la capacidad de inquirir en lo sutil, muchas veces no van de la mano de la preocupación por el prójimo y de la intención de materializar una sociedad viable para todos. La segunda es que superemos el desengaño y le propongamos a Vargas Llosa que cuando llegue a Ezeiza declare a los argentinos si viene como escritor o como lobista de intereses económicos, y que en función de sus declaraciones, elijamos inteligentemente nuestro itinerario en la próxima Feria del Libro. Y por último, creo que estamos en todo nuestro derecho como parte aludida en las declaraciones del escritor peruano, a exigirle debatirlas, dentro o fuera del ámbito de
lunes, 28 de febrero de 2011
Boquitas Pintadas
Una carta de Nené, una ex-novia de Juan Carlos Etchepare, comienza a consolidar el ingenioso andamiaje con el que Manuel Puig cuenta una historia, no simplemente una historia de amores, desamores y desencuentros; sino también una historia de muerte y redención a lo largo de un tiempo, que aunque puesto taxativamente en el relato, logra ser mostrado como en algunas obras magistrales de la literatura del S. XX, como un jugador todopoderoso, ya sea para ultimar, para afianzar las sordideces inexorables, ya sea para arrojar en el final de una vida el bendito manto del olvido y el perdón.
El armazón de esta pequeña capilla narrativa, gobernada por el tiempo, se reserva un lugar para el ensayo de conciencias, para observar desde un punto de vista totalmente imparcial la hipocresía de las morales falsas, consumadas por personajes cuyo único camino parece ser el engaño, mentir para subsistir en el pequeño infierno en que fueron hechos carne y sentir, un pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires.
Acaso el extenso periplo que llevó a Manuel a alejarse de ese pueblo, persiguiendo esa realidad cinematográfica que lo apartase de ese indeseable western, haciéndolo atravesar incluso la decepción de tener que abandonar sus aspiraciones de cineasta cuando el imperio del dogma neorrealista y su reprobación a todo tipo de "interpretación de la realidad" lo alejaron del "Centro Experimental de Cinematografía", vio completado su círculo en este simbólico retorno, en parte sutil venganza, en parte homenaje a ese pasado reformulado desde la perspectiva del arte y su singular costumbre de recobrar.
Puig hace que los personajes toquen uno a uno las puertas de esta capilla en plena construcción y los observa desde el atrio de la compasión, aun a quienes parecen ser los más perversos. Celina odia injustamente a Nené, pero ella también es víctima del desamor, teniendo que cargar como toda mujer sola de un pueblo en la primera mitad del siglo, con un juicio desaprobatorio y vergonzante. Mabel, la chica bien, incapaz de hacerse cargo de su desmesurada pasión por el sexo opuesto, eventualmente sea ella quien necesite la capa más importante de lápiz labial, no tan sólo sobre su boquita que ha engañado a la ley para salvar su honor, sino también sobre su conciencia. Raba, a pesar de cometer probablemente el error de matar al padre de su hijo no reconocido, es quien resulta más fortalecida, quien puede tomar su vida en sus manos, tal vez porque sus manos son lo único que siempre tuvo.
Juan Carlos, podría decirse que es el hacedor inconsciente de la trama que gira en torno a su vida, a su declinación; todo parte desde él, todo confluye en él.
Puig construye la novela logrando congeniar el folletín romántico, de índole popular, el ritmo —visual inclusive— de la narración cinematográfica, y la experimentación literaria (novela epistolar, concepto de disquisición interior, y debe reconocérsele el mérito de la llegada popular que obtuvo la novela, esta pequeña capilla de la que no se escaparon ni siquiera algunos materiales provenientes del arte de la copia, lo kitsch, el arte pop reinante en la época en que se escribió Boquitas Pintadas: un conglomerado de discursos que incluye cartas, partes de defunción, partes médicos, actas policiales, letras de tangos, revistas, etc).
Quizás, si Alfredo Le Pera no hubiera creado ese estribillo de una de las más conocidas obras del repertorio gardeliano, Manuel Puig, unas décadas después, invocando ese redimido pequeño-gran mundo, hubiese escrito por primera vez: "deliciosas criaturas perfumadas, quiero el beso de sus boquitas pintadas".
sábado, 19 de febrero de 2011
"El asiático milagro de un viento cristalino" (Microrrelato)
En Siberia esperábamos. Había pasado el verano, un verano casi mediterráneo. Ya a esas instancias tan tempranas de mi vida, notaba mediante una simple observación, un evidente debilitamiento de los ejércitos del hielo que año tras año, ocupaban los bosques y las planicies donde se asentaba nuestro pequeño pueblo. Sin embargo recuerdo ese Octubre en que por momentos, en algunas tardes, convivían por unos instantes que a veces se prolongaban amigablemente, los haces de un sol que pugnaba por alcanzarnos, colándose por entre los árboles, y las murallas que nos envolvían en el sueño: el asiático milagro de un viento cristalino…
jueves, 3 de febrero de 2011
Casa de aire (a José Larralde)
Te veo alejarte casa de aire,
desaparecen los rastros de un pasado reciente,
te desarmas, te esfumas.
Lo antiguo exhalando,
lanzando iras, enormes estrellas que ciegan.
Te veo moverte casa de aire,
desde este nebuloso grito:
grito despierto una memoria inundada de niñas…
Peregrino, caminas mojando esas sedientas bocas,
esas que tararean una conocida milonga.
Sueño con redimidos fantasmas,
aliento suicidas,
ojos atónitos cruzando la línea,
entrando a un perpetuo río:
desaparecen, se vuelven mito,
se vuelven –trigos pesados de mediodía-…
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