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lunes, 27 de diciembre de 2021

Adrian Smith, Richie Kotzen y un temazo de época


Siempre fui reacio a selecciones tales como el disco o tema del año, la película del mes, la novela de la década y juicios por el estilo. Ese tipo de veredictos siempre me han parecido y son, no me caben dudas, en todo momento, arbitrarios y discutibles como todo dictámen inamovible, del orden que sea. Pero tampoco me caben dudas de que Scars, el tercer track del discazo que editaron Adrian Smith y Richie Kotzen en marzo pasado (Smith/Kotzen), más allá de lo que haya inspirado la canción, encarna de manera palmaria la perplejidad y sensación de forzado desvinculamiento, de final de época que aún sigue viviendo el mundo ante el tan impredecible futuro que nos sigue planteando esta maldita pandemia. Y hay que decir que no solo la enfermedad es motivo de preocupación, para quien escribe, lo es mucho más la desmedida reacción de las administraciones de los distintos países con las discutibles restricciones y sus tremendas consecuencias en todo orden, no solo el económico, sino también las funestas secuelas psicológicas de los encierros prolongados, sin pasar por alto por cierto, las claras violaciones constitucionales que se han vivido en múltiples rincones del planeta, lamentablemente bajo gobiernos de todo color político. Pero esta entrada es más que nada para hablar (o escribir mejor dicho) sobre música. Obviamente la interpretación de la letra, como en todo hecho lírico con cierta cuota de cripticidad, es mucho más vasta, pero al menos a mí me es imposible desvincular a Scars de la sensación de miedo, desconcierto e incertidumbre ante lo que se vivió y aún se está viviendo en relación con la pandemia. Acá les comparto un enlace al texto en inglés y su traducción al español y para los que no lo escucharon, abajo va el tema y el videazo en acertado blanco y negro. Y el deseo de que 2022 sea un año de mayor expansión y de mayores libertades, ...en todo sentido.

miércoles, 7 de octubre de 2020

AC/DC: Shot in the Dark, adelanto de Power Up

Con un tema que hace honor a la inconfundible marca de la banda, AC/DC anticipa su decimoséptimo trabajo de estudio y sus intenciones de volver a girar en una etapa pos-pandemia.

Signado por el retorno del vocalista Brian Johnson, la confirmación como guitarrista rítmico de Stevie Young y la contundente ausencia del inolvidable Malcolm Young, Shot in the Dark se adelanta a la salida del disco Power Up, planificada para el próximo 13 de noviembre. La publicación de esta entrega de doce tracks en la que Brendan O'Brien vuelve a producir a AC/DC, contará con ediciones especiales en vinilo y una edición deluxe con un packaging especial. La banda no entraba a un estudio a grabar un nuevo álbum desde Rock or Bust (2014), y no fueron pocas las trabas que tuvo que vencer el legendario Angus Young para rearmar al grupo en pos de la grabación de este último trabajo y de la idea de salir de gira cuando esta maldita pandemia se corra de escena. Es que Brian Johnson debió abandonar como se sabe la formación por sus problemas de audición, siendo reemplazado por Axl Rose en los compromisos en vivo de AC/DC para desengaño de una buena parte de los fans de la banda. Pero ya lo tenemos de vuelta. Por su parte Phil Rudd tuvo que enfrentar un período de arresto domiciliario por tenencia de drogas y fue asimismo imputado de contratar a un grupo de sicarios para perpetrar un asesinato. Y el bajista Cliff Williams había decidido retirarse luego de la gira de presentación de Rock or Bust en 2016. No obstante, las insistencias del gran Angus surtieron su efecto y la agrupación entró a los estudios Warehouse de Vancouver con la formación de Brian Johnson en voz, Cliff Williams en bajo, Phil Rudd en batería, Stevie Young (sobrino de Angus y Malcolm) en guitarra rítmica y coros y Angus Young en su personalísima e insustituible primera guitarra. Probablemente la alusión a lo oscuro en el título de este tema adelanto (homónimo de la canción de Ozzy Osbourne) alegorice el luto por la partida de Malcolm Young en noviembre de 2017; como Back in Black, aquel inolvidable tanque del rock que este año cumplió su cuarta década de gloriosa vigencia, significó claramente el luto por la temprana muerte de Bon Scott. Este trabajo es un homenaje a mi hermano Malcolm, al igual que Back in Black estaba dedicado a Bon Scott, declaró Angus Young. Shot in the Dark es un clásico tema de AC/DC para no entrar en críticas que no son el espíritu de esta entrada. Hace ya un largo tiempo, el propio Angus ironizó en una declaración a la salida de su duodécimo disco The Razors Edge: estoy harto de la gente que dice que nuestros once discos suenan exactamente igual. En realidad, son doce los discos que suenan exactamente iguales. AC/DC nunca se planteó ser una banda cuyo objetivo fuese el de explorar nuevas texturas musicales. Como afirma Jesse Fink en su excelente libro de 2013 Los Young: los hermanos que crearon AC/DC, la fortaleza acaso más distintiva de la agrupación estuvo siempre en seguir haciendo un excelente rock 'n' roll con un lenguaje musical y una estructura simples, pero reafirmándose constantemente en ese sello inconfundible que desde los '70 ha venido cautivando a decenas de millones de seguidores. AC/DC posee como pocos grupos el mérito de poder hermanar hoy en día a un abuelo y a un nieto en su enardecido entusiasmo por verlos en vivo. Quizás si se da la vuelta, esta sea la última oportunidad de ver en forma presencial a la mítica banda australiana en uno de esos característicos conciertos que suelen significar una verdadera fiesta de la música.

Clickear para escuchar el tema

martes, 10 de abril de 2018

A treinta años del lanzamiento de Seventh Son of a Seventh Son, de Iron Maiden


Inspirado en parte en la novela El Séptimo Hijo de Orson Scott Card y en la tradición narrativa europea ligada a lo sobrenatural, Seventh Son of a Seventh Son fue el último álbum del período más recordado de Iron Maiden y significó en muchos aspectos el fin de un ciclo para la banda británica. 

Abril de 1988. Un año y algunos meses atrás, a fines de septiembre de 1986, Iron Maiden lanzaba su sexto álbum de estudio Somewhere in Time, obra que le valió a la agrupación liderada por Steve Harris la reticencia de una parte de su grey, dada la ortodoxia de esa franja del público maideneano que no estaba dispuesta a tolerar el uso de sintetizadores, pretendiendo que la banda siguiese con su formato instrumental habitual hasta el momento, con las famosas guitarras gemelas de Dave Murray y Adrian Smith, el preeminente bajo de Harris y la enérgica batería de Nicko McBrain. Pero redoblando la apuesta en la decisión de seguir explorando esas nuevas texturas sonoras, La Doncella de Hierro edita el 11 de abril de 1988 Seventh Son of a Seventh Son, disco que como sus predecesores fue producido por Martin Birch y lanzado bajo la órbita de la discográfica EMI-United Kingdom.

Las referencias literarias en la música de Maiden son harto conocidas, sobre todo obviamente por sus fans. En la portada de Live After Death (1985), engendrada por Derek Riggs, se ve a un Eddie the Head saliendo en llamas de una tumba en cuyo epitafio se lee la frase: That is not dead which can eternal lie, Yet with strange aeons even death may die./ Que no está muerto lo que puede yacer eternamente, Y en los aeones por venir incluso la muerte puede morir., perteneciente al cuento The Nameless City/ La Ciudad sin Nombre (1921), de H. P. Lovecraft. El tema Murders in the Rue Morgue, del disco Killers (1981), está basado en el cuento (1841) de Edgar Allan Poe al cual se le reconoce la inmensa influencia que tuvo a posteriori en el género de la novela policial. El track Brave New World, del trabajo homónimo (2000), está inspirado en la novela distópica Un Mundo Feliz (1932) de Aldous Huxley. En el caso de Seventh Son of a Seventh Son, Harris, tras leer la novela del autor estadounidense Orson Scott Card titulada Seventh Son/ El Séptimo Hijo (1987), decide hacer de la séptima entrega de estudio de Iron Maiden una obra conceptual fundada —en parte— en la vida de Alvin Miller (Maker), protagonista de la historia de Card, quien siendo el séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón, posee poderes sobrenaturales. En palabras del propio Harris: Era nuestro séptimo álbum de estudio y yo aún no tenía el título o alguna idea en absoluto. Entonces leí la historia del Séptimo hijo, esta figura mística que se supone que tiene todos estos dones paranormales, como la clarividencia, y era más, al principio, como que sólo sería un buen título para el séptimo álbum, ¿sabes? Pero entonces llamé a Bruce (Dickinson) y empezamos a hablar al respecto y la idea simplemente creció.

Los Maiden venían de hacer desde el ingreso de Dickinson cuatro discos de estudio que desde lo lírico fueron mucho más aleatorios: The Number of the Beast (1982), Piece of Mind (1983), Powerslave (1984) y Somewhere in Time (1986). De todos modos, la idea de grabar un álbum conceptual no responda tal vez solamente a quebrar ese patrón. Generacionalmente, salvo Nico McBrain que era mayor, Steve Harris, Adrian Smith y Dave Murray ya habían cumplido su tercera década de vida, y Bruce Dickinson estaba a meses de cumplirla, y acaso implícitamente, una idea de madurez musical ligada al hecho de poder construir una obra que sostenga criterios compositivos desde el primero al último tema, haya aportado su cuota. Y la novela de Card fue el disparador, y para quienes la hayan leído, las referencias al mundo de la magia y lo sobrenatural, pueden ligarse al Alvin Maker de El Séptimo Hijo en parte, pero la séptima criatura de estudio de Iron Maiden trasciende los escenarios de esos Estados Unidos aún en pleno proceso de consolidación que son el ambiente y el medio social y religioso en que ese séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón creado por Card descubre ser el Hacedor que tiene por misión luchar contra la nada de un Deshacedor, tarea que para el autor, desde lo moral, supera la simplificación de la idea del bien contra el mal. En verdad hay mucho ingrediente también en Seventh Son of a Seventh Son de la tradición folclórica europea poblada de narraciones góticas, vinculadas al paganismo, la magia, lo sobrenatural y lo profético.   

Musicalmente hablando, desde el primer track, queda claro que las cuerdas sintetizadas llegaron para quedarse. Promediando el disco, los teclados harán asimismo lo suyo, reafirmando esa impronta resistida por los puristas que recibieron con reservas o con un rechazo absoluto el trabajo anterior. Y lo expansivo, los acordes abiertos, las exquisiteces de un Smith inspiradísimo en el último disco de su primera etapa en la banda (se incorporó nuevamente en la grabación de Brave New World hoy sigue siendo parte del grupo). Adrian Smith es en lo musical la viga maestra en toda la obra, más allá de figurar como compositor en los créditos de solo tres temas: Moonchild, Can I Play with Madness y The Evil that Men Do. Todo SSOASO está teñido de esa característica, un Smith en vena arreglador y un Dave Murray con un lirismo e inspiración proverbiales en sus solos (Moonchild es el claro botón de muestra de ese patrón que se va a mantener con sus matices hasta el final), y ambos guitarristas fusionándose en melodías armonizadas que nunca Maiden logró siquiera igualar en su posterior discografía. Salvo el tema The Prophecy, del cual puede rescatarse acaso su final acústico, motivo musical que podría haber formado parte del tema netamente instrumental del cual el disco carece, desde Moonchild hasta Only the Good Die Young, hay un ensamble sonoro, un vestigio tímbrico, una inspiración melódica y una interpretación vocal admirables: la obertura en in crescendo de Moonchild. Los arreglos de Smith y las melodías armonizadas de Infinite Dreams. El momento pop de la obra con Can I Play with Madness: una canción más sintética, con coros hiperpegadizos. The Evil That Men Do, que terminó convirtiéndose en un épico maideneano que rara vez la banda no ha programado en sus sets de presentaciones en vivo. Los casi diez minutos de Seventh Son of a Seventh Son, donde lo instrumental se cobra su buena parte con inolvidables solos de guitarra. Otra vez las excelentes melodías de Maiden en The Clairvoyant, con uno de los mejores solos de Murray de todos los tiempos. Y un final con Only the Good Die Young, sintetizando en sus casi cinco minutos el enorme capital musical y lírico del álbum. 

A partir del disco siguiente, No Prayer for the Dying (1990), Adrian Smith fue reemplazado por el guitarrista Janick Gers. Y Fear of the Dark (1992) marcó la despedida de un Dickinson que en los noventa, dejó un par de más que buenos álbumes como solista, algunos contándolo a Adrian Smith como integrante en los créditos y en las giras en vivo. Por su parte, la banda incorporó a Blaze Bayley como nuevo vocalista en dos entregas —The X Factor (1995) y Virtual XI (1998)— con las que si bien se logró sostener al grupo de pie, no se aportó nada equiparable desde lo compositivo con lo que se produjo hasta Seventh Son of a Seventh Son. Brave New World (2000) marcó la vuelta de Dickinson y Smith y la permanencia de Gers en una agrupación con tres primeras guitarras, con un consecuente sello más sinfónico, sobre todo en las presentaciones en vivo. Significó también junto al siguiente álbum, Dance of Death (2003), el retorno a un Maiden de canciones más a la medida de la feligresía nostálgica de unos '80 que con todo nunca iban a ser mejor evocados que con los clásicos himnos de esa década. Le oí decir una vez a alguien que lo que vino después compositivamente en la banda liderada por Steve Harris, daba la impresión al escucharlo, de estar ante la obra de un grupo de millonarios ingleses encerrados en un palacio de campiña, empecinados por hacer canciones de corte progresivo en donde el único desafío parecía ser que los temas sean cada vez más extensos. Tal vez haya tenido razón. De hecho Empire of the Clouds, el último track de The Book of Souls (2015), tiene una duración de más de dieciocho minutos. Pero no es tampoco menos cierto que sostener niveles de inspiración tan altos sin recalar a veces en alguna extravagancia, es casi imposible. Y por fortuna, vivimos en una época en que el acceso a los discos implica una simple búsqueda y un click para escucharlos. Para quien escribe, volver a Seventh Son of a Seventh Son, como a tanta otra música, libros, películas, es volver a la cifra de una época, volver a un espacio delimitado, volver a emociones recobradas gracias artistas que en la significación de su propia individualidad, construyeron un espejo en que uno también puede verse reflejado.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Nick Cave & The Bad Seeds: Jesus Alone


Se comparte el video oficial del tema Jesus Alone, adelanto y primer track de Skeleton Tree, decimosexto álbum de estudio de Nick Cave & The Bad Seeds que se edita el próximo 9 de septiembre. El video es un fragmento del documental sobre la banda One More Time With Feeling (clickear para ver el tráiler), film en blanco y negro en el que el director neozelandés Andrew Dominik vuelve a trabajar con Nick Cave y Warren Ellis y cuyas versiones en 2 D y 3 D se proyectarán el próximo jueves (un día antes de la salida del disco) en aproximadamente 700 salas alrededor del mundo.


miércoles, 6 de julio de 2016

ERIC CLAPTON: Spiral, video promocional de I Still Do, último disco de Slowhand



Se comparte el video del tema Spiral, cuarto track del opus 22 recientemente editado del músico británico. Si bien de manera no excluyente, como en su proverbial From the Cradle (1994), en Riding with the King (2000) o en Me and Mr. Johnson (2004), el blues sobrevuela algunas regiones de este álbum en el cual de las doce composiciones, solo dos (Spiral y Catch the Blues) cuentan con la autoría del ex Cream y The Yardbirds. La portada del disco estuvo a cargo del ya octogenario artista pop británico Peter Blake, quien diseñara en los '60 la emblemática cubierta de Sargent Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967) de The Beatles. I Still Do fue producido por Glyn Johns, quien produjera en 1977 el legendario Slowhand, quinto trabajo de estudio en solitario de Eric Calpton.  



sábado, 21 de noviembre de 2015

David Bowie: Blackstar


El próximo 8 de enero David Bowie cumple 69 años, fecha que coincidirá con el lanzamiento de Blackstar, su vigésimo quinto álbum de estudio. El video que se comparte corresponde al tema que da nombre al disco y fue dirigido por Johan Renck, músico y realizador que ha capitaneado videos de New Order, Chris Cornell y Madonna entre otros, además de tres episodios de Breaking Bad y una entrega de The Walking Dead

domingo, 5 de julio de 2015

Massacre: Biblia Ovni


El último y existencial álbum de Massacre está sobrevolado por extraterrestres, deidades e incluso los fantasmas de Ian Curtis y Gustavo Cerati. Un acto de reafirmación de conceptos artísticos y de florecimiento de una siembra llevada a cabo en un Tiempo no tan perdido...  

Tal vez, la mal llamada madurez artística, no sea otra cosa que mantenerse firme en el lúdico y anárquico proceso de aprender a calibrar cada vez más el cincel con el cual se labra la obra que expresa las obsesiones y búsquedas de un determinado artífice. "El mamut es nuestro Jessico, bisagra, despegue" declaró Walas en una entrevista en torno a Biblia Ovni, acaso aludiendo a la evolución precedida por dicho disco (2007), Ringo (2011) y Aerial 13 (2013, regrabación del Aerial del ´97 con modificaciones en el cover y las versiones). Desde el primer tema, Mi amiga soledad, track hiperpoderoso, con un riff formidable, se percibe esa sensación de encontrarse ante un trabajo forjado sobre conceptos sólidos, granados por una banda con casi tres décadas de historia entre sus haberes. Si bien los tonos y las estructuras de las canciones son muy eclécticos en  Biblia Ovni, la lírica apunta claramente a lo existencial: evolucionismo, intervención extraterrestre o la mano de la deidad, pero en definitiva la expresión de la necesidad del ser humano de creer en algo para poder sustentar y darle sentido a su vida. No está para nada ausente en el último trabajo de Massacre la exquisitez guitarrística de Pablo Mondello y Federico Piscorz, caracterizada por esa impronta épico-melódica que no pierde nunca su afable agresividad. Por otro lado, los sintetizadores tuvieron también su papel en un disco en que en realidad se grabaron con la misma intensidad las guitarras y las máquinas, dándoseles el predomino a unas u otras en el proceso de mezcla. La producción estuvo a cargo de Alfredo Toth y Pablo Guyot, quienes entre otros antecedentes, acompañaron a Charly García en la presentación de Clics Modenos (1983) y fueron junto a Willy Iturri los integrantes de G.I.T. Las musas ceratianas han dicho presente por su parte en Biblia Ovni, sobre todo si uno se remite a la fase más rockera de Soda Stereo, que ciertamente podría cifrarse en el álbum Canción Animal (1990); Sin dormir, el tema más "canción", es quizás una de las muestras más claras de tal influencia. Domador de jaguares, el track 8, tiene una historia que involucra a Johnny Marr, a Ian Curtis y al propio Walas: “El año pasado, cuando tocó, fui a saludarlo. Le llevé discos y su libro de fotos (Instrument, con Pat Graham) donde hay cincuenta instrumentos de amigos de él, Flaming Lips, Sonic Youth, Smiths obvio. Ahí hay una guitarra que, desde chico, quise tener, la Vox Phantom. Es una viola inglesa emblemática, la usaba Ian Curtis las pocas veces que tocaba la guitarra. Y yo la pude tener ahora, que soy rocker consumado. Bien, cuando estábamos charlando con Johnny Marr, le llevé el libro y le dije que me encantaron las reseñas que hizo. El me miró a los ojos y me preguntó: ‘¿Viste la Phantom?’. Él la tiene en su casa de Manchester. Y de eso se trata: el tema dice que su casa está embrujada del fantasma del ahorcado.” Los dos últimos tracks, Despoblando el planeta (una declaración por la no procreación) y Feliz noviembre (la recuperación del Tiempo Perdido de las épocas de Cemento y el Parakultural en una cálida noche de noviembre de 2014) son los más extensos y poseen cierta impronta rapsódica y progresiva. Ya sea consciente o azarosa la opción de cerrar el disco con un tema como Feliz noviembre, el tema oficia como una suerte de balance de época de una banda que toma lo mejor de su historia para pulir cada vez más su mensaje: "...mientras pienso si esto lo soñé, nuestra siembra comienza a florecer..."


Video Oficial de Niña Dios


jueves, 24 de julio de 2014

Linyera



Daniel Melingo fue en los '70 partenaire del músico brasileño Milton Nascimento. En los '80 formó parte de dos bandas emblemáticas del rock nacional: "Los Abuelos de la Nada" y "Los Twist", además de participar como invitado en uno de los proyectos solistas de Charly García: Piano Bar (1984). Como si estos antecedentes no bastaran para dar sobradas muestras de eclecticismo musical, desde 1995, quien declara sentirse identificado con la libertad anárquica del linyera, se convirtió en un originalísimo exponente del tango y la milonga urbana con sus álbumes: H2O (1995), Tangos Bajos (1998), Ufa (2003), Santa Milonga (2004), Maldito Tango (2007) y Corazón y Hueso (2011). El próximo 2 de agosto, en el ND Teatro de Buenos Aires, Melingo presentará Linyera, un LP en el que conviven desde una versión de la Canción del Linyera, de Antonio Tormo, o Volver a los 17, de Violeta Parra, hasta una bossa nova con versos de García Lorca; desde el Soneto para Daniel Reguera de Atahualpa Yupanqui, escrito en el año 1965, instrumentado —entre otros— por Jaime Torres y Skay Beilinson, hasta un tema dedicado a Juan Salvo, el entrañable personaje de El Eternauta. Vientos con sordina, tangos —en los que se ha incorporado al piano, contrariamente a las propuestas precedentes en que las guitarras jugaron un rol preponderante—, bandoneones y esa cruda impronta riberesca de esta suerte de Tom Waits rioplatense, cohabitan en el disco con sublimes arreglos de cuerdas y hasta con los ingredientes electrónico y dub en los bonus tracks. Cabe mencionarse lo dificultoso que es para cualquier músico plantearse fusionar universos líricos y musicales aparentemente tan distantes, sin llegar a esos pastiches construidos con la lógica de la mera suma de elementos sin criterio alguno. Linyera sale holgadamente airoso de ese desafío, constituyendo esto una de las muchas razones por las cuales este último trabajo de Melingo merece ser tenido en cuenta.        

jueves, 26 de junio de 2014

Philip Selway: Coming Up For Air, adelanto de "Weatherhouse"



En agosto de 2010, Philip Selway, baterista de la ya legendaria Radiohead, comenzó junto a Sebastian Steinberg, Lisa Germano, Glenn Kotche y Pat Sansone, el proceso de grabación de Familial, su primer disco solista. Familial no fue felizmente en absoluto una secuela de su desempeño como baterista en la banda de Abingdon, fue por el contrario una propuesta conformada por diez canciones intimistas, muy logradas y maduradas a lo largo de varios años. El mismo Selway admitió la clara reminiscencia “Nick Drake” que se advierte en el álbum: “He escuchado a Nick Drake una absurda cantidad de veces durante años, y entonces todo eso se va filtrando dentro de ti sin que te des cuenta.”  En 2011 fue lanzado Running Blind, un EP de cuatro canciones que van en la misma línea de los temas del disco que lo precedió. El próximo 7 de octubre, a través de Bella Union, será publicado Weatherhouse, un trabajo de diez canciones que configuran la tercer apuesta solista de Selway y del cual ya puede escucharse el primer track: Coming Up For Air. Con una orquestación mucho menos minimalista, un alejamiento de la impronta guitarrística  y una línea percusiva más enérgica, este primer corte, -sobre el cual manifestó su artífice: “…es como un balance de mi vida. Quería transmitir una sensación de liberación y afirmación. Esta fue la primera canción que grabamos, pero desde el primer momento no tenía nada que ver con Familial-, abre lo que supone un álbum diferente a las composiciones en solitario que previamente mostró el baterista de Radiohead.  





viernes, 21 de marzo de 2014

Venter: adelanto de "Aurora", el próximo trabajo de Ben Frost


Venter es un tema adelanto de Aurora, el próximo disco del músico australiano Ben Frost, radicado desde 2005 en Reykjavík. El lanzamiento del álbum será en mayo próximo a través de Mute y Bedroom Community, colectivo discográfico creado en Islandia por Nico Muhly, el propio Frost y Valgeir Sigurðsson. Bedroom Community alberga también a Sam Amidon, Nadia Sirota, James Mc Vinnie, Paul Corley, Daníel Bjarnason y Puzzle Muteson. Los anteriores trabajos de Frost fueron Theory of Machines (2007), By the Throat (2009) y Sólaris (2011), obra compuesta por encargo de los organizadores del festival de Polonia Unsound, basada en la novela homónima del escritor polaco Stanislaw Lem, llevada al cine en 1972 por el genial Andréi Tarkovski. En la puesta de Sólaris colaboró con Frost Brian Eno aportando sus film manipulations. Aurora contará con la co-producción de Valgeir Sigurðsson, Daniel Rejmer y Paul Corley.




miércoles, 12 de febrero de 2014

Matías García: Viento Magnético



Viento Magnético es el primer disco solista de Matías García, un álbum íntegramente acústico en donde el género "canción" es abordado con una gran lucidez y acierto musicales.

Los antecedentes musicales de Matías García no son pocos. Ofició los roles de baterista, cantante y compositor en las bandas Pulpo y Pikle; fue guitarrista, cantante y compositor en Patriotismo Sur y bajista, cantante y compositor en SWING!. Viento Magnético es el primer disco solista de este multiinstrumentista de la ciudad de Zárate, un trabajo conformado por algunas canciones que esperaron seis años en gateras el momento de ser plasmadas en estudio y otras más recientes. Para quien redacta, la palabra canción es la clave para entrarle a Viento Magnético, ya que como muy pocas veces sucede, no hay en él un solo track que se preste a categorizaciones de otra especie.    

Solemos aplicar el rótulo “canción” a un número demasiado excesivo de expresiones musicales, y por supuesto, nadie es quien para exigirles a los músicos no tentarse con las múltiples posibilidades de ramificación que ofrece el ya a estas instancias tan explorado arte de referenciarse a través de los sonidos. Pero canciones son canciones muchachos, y lo cierto es que quien se proponga vérselas con este género debe estar dispuesto a deshacerse de la mayor cantidad de artificios posible, y desde esa austeridad, universalizar lo que sea que haya motivado el hecho de encomendarse a esas musas tan esquivas, y lograr seducirlas, empresa para nada fácil por cierto.   

Con Viento Magnético, Matías García da una verdadera master class de la veta “canción”. Es un disco íntegramente acústico, de canciones que delinean desde el flash epifánico de Culo Romano, el conciso dictámen  de Oficio, al que le basta un minuto y diecisiete segundos para defender su lugar en la lista de tracks, alguna que otra faceta del amor aludidas elegantemente en Biónico (verdadero temazo), Por las buenas y Chapuzón, y el —para quien escribe— himno a la alegría del disco, Ventolín. Por otra parte, desde lo guitarrístico, los temas van al grano, sin estorbos ni sobrecargas armónicas ni técnicas, y desde lo lírico, las letras van en esa línea directa y sintética que propone el álbum desde los primeros compases del primer track.

Es muy habitual a la hora de reseñar música, hacer paralelismos entre lo que se está reseñando y algún modelo de referencia. Hablar de supuestas influencias implícitas facilita la empresa y suele constituir un recurso válido, pero las canciones de Matías, sobre todo en lo concerniente a la personalísima interpretación vocal, hacen positivamente dificultosa la faena de trazar similitudes. 

Todos los temas del disco, grabado en ESTUDIOS ION, son de Matías García, así como la producción y la voz y la guitarra acústica que se registraron. La ingeniería de sonido la realizó Leonardo Checchia. Camilo Semería es su productor ejecutivo. Andy Domínguez y Julián Desbats fueron los responsables de la foto y el diseño de tapa. Como promoción del disco, se filmó el video de Chapuzón, cuya realización estuvo a cargo de María di Lello. Respecto del futuro próximo, Matías tiene pensado salir a girar con Viento Magnético y con nuevas canciones que quedaron fuera del álbum, en el formato en que fue grabado el disco (guitarra acústica y voz).     



viernes, 19 de julio de 2013

Rosal: Un fuerte en el corazón


Rosal inició su periplo discográfico hace diez años, brillando cautelosamente con sus Educación Sentimental (2003) y Rosal (2005). Les siguieron Su Majestad (2006), un disco claramente más robusto compositivamente; y La Casa de la Noche (2009), trabajo que como es de esperar en la progresión compositiva de una banda con intenciones de afianzarse, demostró las destrezas del grupo para seguir encontrando esos intersticios que deja abiertos la música para quien sepa hallarlos. Las cuerdas de Rosas Encarnadas, el track número 4 de La Casa de la Noche son un ejemplo claro de esa astucia musical.

Claro está que dichos intersticios en una época en que la progresividad estética se ciñe cada vez más —hablando del rock y subgéneros— van siendo definitivamente más escuetos y que se ha vuelto una suerte de canon, desde hace por lo menos dos décadas, el hecho de que lo electrónico cobre protagonismo en algún momento de la evolución musical de un grupo (excepciones mediante), motivo por el cual, dadas estas “generales de la ley”, uno de los caminos acertados a la hora de evaluar esta circunstancia, cuando se advierte, es dar cuenta de la manera en que la tecnología hace su aporte.

En Un fuerte en el corazón la contribución de las “máquinas” es interesante, sobre todo desde el punto de vista de lo rítmico. Acaso los álbumes anteriores de Rosal se deslicen sobre una línea percutiva más plana, mientras que este quinto disco proyecta un movimiento más intensivo de movida, sin que esa tendencia haga que los temas saturen y pierdan su impronta de canción.

La voz de María Ezquiaga es particularmente en este trabajo un rasgo de exquisitez interpretativa. Juanita y Y si, los temas en que descolla.

Participan como invitados en Un fuerte en el corazón Jimena Lopez Chaplin: voz en La que canta, Juanpi Di Leone: flauta en En mí, en vos y armónica en Apaga el fuego, Axel Krygier: voz en En mí, en vos, Dario Jalfin: arreglo de voces en Por tu fe Tomi Lebrero: bandoneón en Avenida.

Ficha técnica:

Realizado el 15 April 2013
Producido por Rosal
Mezclado por Ezequiel Kronenberg
Grabado por Daniel Ovie y Ezequiel Kronenberg
Masterizado por Daniel Ovie
Grabado y mezclado en Spector Studios

María Ezquiaga: voz y guitarras
Ezequiel Kronenberg: bajo, guitarra, teclados, percusión
Martin Caamaño: guitarras
Manuel Caizza: batería, percusión

Invitados:
Jimena Lopez Chaplin: voz en "La que canta"
Juanpi Di Leone: flauta en "En mí, en vos" armónica en "Apaga el fuego"
Axel Krygier: voz en "En mí, en vos"
Dario Jalfin: arreglo de voces en "Por tu fe"
Tomi Lebrero: bandoneón en "Avenida"

Fotografia y fotos booklet: Victoria Dobaño
Diseño gráfico: Zona de obras


viernes, 14 de junio de 2013

Los primeros 40 años de Berlin, de Lou Reed


Berlin, una de las obras más importantes del poeta urbano del lado salvaje, cumple 40 años. Sin duda un disco con todas las condiciones para seguir creciendo y resignificándose como una elegía universal forjada desde el lenguaje del rock y sazonada con toques de cabaret...


“Siempre he creído que mis letras iban más allá
 del reportaje y que adoptaban posiciones
 aunque no morales, sí emocionales.”

Lou Reed


El mes que viene se cumplen cuarenta años de la realización en Londres de Berlin, de Lou Reed, uno de los discos más significativos de la historia del avant-rock. Hemos leído muchas reseñas dando cuenta del maltrecho derrotero en relación a la repercusión inicial del álbum. No puede dejar de mencionarse que el año anterior un asteroide llamado Transformer zamarreaba el mundo de la música, y que en cuya montura no solo irrumpía el poeta urbano del lado salvaje, sino también, no tan desde las sombras, David Bowie y Mick Ronson hacían gala de otra muestra de desenfreno e inspiración creativa. Berlin no pudo evitar tener que emerger de las penumbras que había dejado la nube de polvo provocada por su predecesor.

¿Qué condiciones deben exigírsele a un disco para que definitivamente pueda adscribírselo al paradigma de lo conceptual? Se ha escrito y leído por ahí que Reed se propuso un objetivo tan grande, pretendiendo cristalizar la mismísima esencia de la tristeza, el nihilismo, el desamor y la soledad, aderezados por la gravitante embriaguez de las drogas más pesadas; y que dada la enormidad de la ambición, el resultado fue un elegante fracaso. Esto puede ser verdad en parte, acaso en lo musical uno sienta una cierta carencia de cohesión orquestal. El manejo de las intensidades y de las instrumentaciones, los ensambles entre tema y tema, probablemente sean las claves que fomenten ese juicio. Sin embargo esto no hace que no pocas canciones de Berlin sean poco menos que sublimes. Contrariamente desde el punto de vista lírico la congruencia del álbum es casi perfecta. Podrían tomarse no escasos dictámenes que abonarían perfectamente las líneas de un sórdido pero a la vez bellísimo epígrafe de una tragedia urbana occidental del siglo XX:

“Los hombres con fortuna a menudo derriban imperios / Mientras que los hombres de origen humilde a menudo no pueden hacer nada…” (Men of Good Fortune)

“Caroline dice mientras se muerde el labio / La vida ha de ser más que esto y esto es una mierda // Ella atravesó el cristal de la ventana con el puño / Fue una sensación muy rara // Hace mucho frío en Alaska…” (Caroline Says II)

“Este es el lugar donde ella ponía la cabeza / Cuando se iba a la cama a la noche / Y este es el lugar donde nuestros hijos fueron concebidos / Por la noche la habitación estaba iluminada con velas // Y este es el lugar donde se cortó las venas / En aquella noche extraña y fatídica / Y yo dije oh, qué pena…” (The Bed)

La materia conceptual de Berlin se fragua en relación a la historia de Caroline y Jim, en torno a su controvertido vínculo, pero la manera en que está planteado el disco da cuenta en todo momento de no tener intención de tomar a estos personajes como una extrañeza escindida de la realidad, declaró Reed en aquellos días: “es sólo una historia realista sobre la gente que vive en los setenta, que existen, que no están especialmente locos o que son unos degenerados. Esto ocurre con la gente todo el tiempo, no sólo en Berlín, sino en sitios como Ohio”. Y parece ser que su intención no era retratar sólo una escena común a la época, sino universalizar en una suerte de tragedia de cabaret, el veredicto resultante de la exploración de los temas que aborda el disco, como se ha dicho anteriormente: nihilismo, desencuentro, soledad, violencia, drogas y una profunda melancolía que alcanza su clímax, en canciones como Caroline Says II, The Bed y Sad Song.

Berlin fue producido por Bob Ezrin, quien en los ’70 coprodujo The Wall de Pink Floyd, y produjo discos harto significativos y emblemáticos como Destroyer de Kiss o casi todos los trabajos de Alice Cooper en esa década. En el documental Lou Reed: Rock and Roll HeartEzrin manifestó a propósito del disco que se está reseñando y refiriéndose a Lou Reed: “Podría haber hecho 'Transformer' 2, o 3, 'Walk on the Wilder Side' –ironizando- versionado. En su lugar, dio uno de los pasos más audaces de la historia del pop: creó un trabajo pionero, el más profundo en el alma de un artista, más que ninguna otra obra en la escena musical americana de los últimos cincuenta años.”

El momento de reivindicación masiva le llegó tarde al álbum, en 2006 Julian Schnabel realizó un film en el que registró la interpretación completa de Berlin, obviamente por Lou Reed, con un impresionante staff de músicos y una performance visual verdaderamente estupenda. La experiencia consistió en cinco días de grabación en St. Ann’s Warehouse, en Brooklyn. Participaron como invitados, entre otros, Antony Hegarty y Steve “The Deacon” Hunter, guitarrista legendario que originalmente grabara las sesiones del disco, en 1973.

Le oí decir a Daniel Melero un par de veces: “El arte es incómodo”. Sin duda Berlin para mucha gente sea una obra que no apela a proporcionar un bocado fácil de digerir, por lo menos de movida. Hay por otra parte quienes sienten al escucharlo por primera vez la sensación de estar ante una creación hecha a la medida de su melancolía; para los del primer bando me permito una recomendación: con él pasa lo mismo que con esos discos, libros o películas que no se dejaron domar de entrada, sin embargo a los cuales nos acercamos porque advertíamos que tras hacernos atravesar ciertas pruebas, se convertirían en un regalo de esos que nos entrega el arte y que nos acompañan toda la vida.   

lunes, 15 de abril de 2013

Depeche Mode: Delta Machine (a question of rupture)



El decimotercer álbum del grupo comandado por Martin Gore, Andy Fletcher y Dave Gahan, se perfila como una clara apuesta a consolidarse en un punto de inflexión, que sin embargo no desecha en absoluto el virtuoso camino transitado por Depeche Mode hasta los días que corren... 

El 19 de marzo salió oficialmente a la venta Delta Machine, el último trabajo del grupo piloteado por Martin Gore, Andy Fletcher y Dave Gahan. Es quizás pasados los cincuenta cuando un músico de rock o de alguno de sus tan diversos estilos subsidiarios, se plantee violar algún tipo de norma, autoimpuesta, impuesta por las discográficas o por las preferencias de millones de fans que a veces no están dispuestos a un sacudón que los arrebate de la comodidad que proporciona moverse en terreno conocido.

Welcome To My World, con una cierta opresividad reznoriana, abre el juego en este decimotercer disco de Depeche Mode. Desde el vamos uno advierte que la propuesta no es en absoluto que los temas fluyan sencilla y naturalmente por los sentidos de quienes siguen apelando a los patrones estéticos de los inolvidables Violator  o Playing The Angel. En este disco hay rupturas, desde lo rítmico, en las atmósferas en las que esa combinación de samplers y sintetizadores siguen oficiando un rol preponderante pero dentro de una lógica mucho más experimental, y en la sorpresiva irrupción de una canción proverbial como Heaven, que se permite por un momento soltar amarras y levitar independientemente, sostenida por la dignidad de su colosal belleza.

Angel es un tema prototípico del disco, un blues electrónico que en un momento rompe en un estribillo de una sobria simpleza y retoma en un desarrollo rítmico complejo. El álbum transita por muchas de estas instancias, por estos intencionales desfasajes de intensidad que lo hacen a la vez interesante y un tanto arduo de digerir en una primera escucha. 

Broken concede un interludio de armisticio apelando al clasicismo depechemodeano, pero no desentona con ese carisma rupturista que atraviesa Delta Machine. Ese es el punto del disco —en general—, el llevar hasta un cierto grado de experimentación ciertos rudimentos compositivos, no en un acto de inmolación, sino tomando elementos propios y reformulando la manera en que se los invita a participar y a desenvolverse. Este patrón lo sigue también Soft Touch/Raw Nerve, y debe reconocérsele el mérito a estos temas también, ya que no es poca cosa ejercer con efectividad un neoclasicismo de estilo propio, sobre todo cuando la obra a la que se apela supera con creces la media -concepto que se sugirió en este espacio a instancias del último disco de Bowie-.  

Delta Machine es el tercer álbum de Depeche Mode producido por Ben Hillier. Previamente trabajó junto al trío en Playing The Angel (2005) y en Sounds Of The Universe (2009), razón por la cual pueden atribuirse también a Hillier los galardones por apostar a ese acertado espíritu de quiebre y transgresión a la norma anteriormente resaltados en esta reseña. 

El video que se añade a continuación pertenece al tema Heaven


domingo, 3 de marzo de 2013

David Bowie: The Next Day



Tras el adelanto de dos videos y un tema, y la sorpresiva subida del disco completo a la plataforma iTunes, David Bowie invita a un esperado festín a su expectante congregación de fans, uno de los mejores trabajos de los últimos tiempos y un guiño indiscutible a lo mejor de su extensa y prolífica carrera.

Es posible que tras cinco décadas de tanta saludable inquietud artística, de tanta empedernida, rabiosa iconoclasia autoinfligida para resurgir airoso a dar la próxima batalla, un experimentado artífice, desde la cima de la montaña, se permita mirar atrás y prodigarse un fastuoso banquete consistente en la merecida cosecha de tesoros concebidos a lo largo de una vida. Mucho se ha hablado y especulado en los últimos tiempos acerca del desvanecimiento, de la acaso pronta finitud de uno de los dioses que habita el olimpo del rock, pero al escuchar el primer tema de The Next Day, uno de esos dioses habla a su aturdida feligresía diciéndoles: —aquí estoy, no precisamente muriendo—.  

Después de casi diez años de hermetismo, de rumores acerca de su salud, David Bowie hizo una inesperada irrupción subiendo sorpresivamente su último disco a iTunes. Previamente, había adelantado a su ilusionada y multitudinaria cofradía de seguidores dos videos —el de Where Are We Now? y el de The Stars (Are Out Tonight)—, y el tema Where Are We Now?, bellísima canción que promedia un álbum colmado de guiños a la trilogía de Berlín, a su período de glam rock, a Scary Monsters (And Super Creeps), y a la faceta electrónica experimental de los ’90, sobre todo la del monumental Outside.

El arte de tapa del disco reproduce la de su antecesor de los ‘70 Heroes, en este caso con un rostro del “White Duke” velado por un cuadrado blanco con el nombre del nuevo álbum. Dejando de lado las interpretaciones obvias, remilgadas o traídas de los pelos, es indudable que The Next Day representa entre otras cosas el merecido tiempo de cosechar las gemas sembradas a lo largo de un camino con sus altibajos inevitables, haciendo resurgir, en una suerte de barajar y dar de nuevo, de neoclasicismo de estilo propio, la esencia de sus mejores logros musicales, es eso lo que uno advierte a la primera escucha de por lo menos una media docena de temas, que sobre catorce, y hablando de Bowie, no está para nada mal.      

Hay una incisiva reflexión existencial en las letras, el día a día, el devenir del tiempo que no es eterno, por lo menos el terrenal, la pregunta del por qué y el para qué que después de los sesenta se vuelve evidentemente más inquietante, el balance, la demoledora fortaleza de la juventud perdida, la impotencia ante el militarismo, una cierta reconciliación melancólica con el pasado  ...; un fragmento del comienzo de Heat, el último tema de la versión del disco sin bonus tracks, puede graficar algo del espíritu introspectivo que lo atraviesa:

Entonces vimos al perro de Mishima
atrapado entre las piedras
obstruyendo la catarata,
las canciones de polvo,
el mundo podía acabarse,
la noche siempre estaba cayendo,
el pavo real en la nieve,
y me digo a mí mismo:
no sé quién soy,
y me digo a mí mismo:
no sé quién soy…

Y hablando de música…

Bowie siempre se ha caracterizado por conferirles a sus trabajos un marcado dinamismo guitarrístico, no es casual que desde siempre lo hayan acompañado en sus proyectos guitarristas de la talla de Mick Ronson, Robert Fripp, Reeves Gabrels o Carlos Alomar. The Next Day no es para nada una excepción a esa regla, es más, en este álbum los trabajos de guitarra de Earl Slik, Gerry Leonard y David Torn imprimen una línea exquisita a algunos temas (Valentine’s Day, (You Will) Set The World On Fire, You Feel So Lonely You Could Die, las texturas acústicas de Heat, entre otros). Del bajo se encargaron Gail Ann Dorsey y Tony Levin, de las baterías Sterling Campbell y Zachary Alford. Tony Visconti vuelve a estar al lado de D B, co-produciendo, arreglando cuerdas y ocupándose de algunos arreglos de teclados. Steve Elson (Let’s dance) participó en el saxo y el clarinete, y los coros son de Janice Pendarvis.

El track Heat es una explícita reverencia a su siempre admirado Scott Walker y si bien corta un tanto con la vena sintética y rockera del disco, como cierre e invitación a la introspección, con sus atmosféricas alusiones al Tilt del genial compositor, es una de las canciones más relevantes.

Los dos videos que aparecen bajo la reseña oficiaron de adelanto de este atinado regreso del “White Duke”. El disco saldrá a la venta el 12 de este mes. Dadas las versiones acerca de las reticencias de Bowie a salir a girar con The Next Day, disfrutemos por ahora de lo que hay disponible, que por otra parte no es para nada frugal, es uno de los mejores banquetes a los que nos ha invitado en los últimos tiempos el músico británico.

Estos son los créditos tema por tema:

  1. “The Next Day” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals
    • Gerry Leonard – Guitar
    • David Torn – Guitar
    • Gail Ann Dorsey – Bass
    • Zachary Alford – Drums
    • Antoine Silverman, Maxim Moston, Hiroko Taguchi, Anja Wood – Strings
    • David Bowie and Tony Visconti – String arrangement
  2. “Dirty Boys” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals
    • Gerry Leonard – Guitar
    • Earl Slick – Guitar
    • Tony Visconti – Guitar
    • Tony Levin – Bass
    • Zachary Alford – Drums
    • Steve Elson – Baritone Sax
  3. “The Stars (Are Out Tonight)” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals and Acoustic Guitar
    • Gerry Leonard – Guitar
    • David Torn – Guitar
    • Gail Ann Dorsey – Bass
    • Zachary Alford – Drums
    • Steve Elson – Baritone Sax and Contrabass Clarinet
    • Tony Visconti – Recorder
    • Antoine Silverman, Maxim Moston, Hiroko Taguchi, Anja Wood – Strings
    • David Bowie and Tony Visconti – String arrangement
    • Gail Ann Dorsey and Janice Pendarvis – Backing Vocals
  4. “Love Is Lost” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals and Keyboards
    • Gerry Leonard – Guitars
    • Gail Ann Dorsey – Bass
    • Zachary Alford – Drums
  5. “Where Are We Now?” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals and Keyboards
    • Gerry Leonard – Guitar
    • Tony Levin – Bass
    • Zachary Alford – Drums
    • Henry Hey – Piano
    • Tony Visconti – Strings
  6. “Valentine’s Day” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals
    • Earl Slick – Guitars
    • Tony Visconti – Bass
    • Sterling Campbell – Drums
  7. “If You Can See Me” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals and Keyboards
    • Gerry Leonard – Guitar
    • David Torn – Guitar
    • Tony Levin – Bass
    • Zachary Alford – Drums & Percussion
    • Gail Ann Dorsey – Backing Vocals
  8. “I’d Rather Be High” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals
    • Gerry Leonard – Guitars
    • Tony Levin – Bass
    • Zachary Alford – Drums
  9. “Boss of Me” – (Bowie/Leonard)
    • David Bowie – Vocals
    • Gerry Leonard – Guitars
    • Tony Levin – Bass
    • Zachary Alford – Drums
    • Steve Elson – Baritone Sax
    • Tony Visconti – Recorder
    • Gail Ann Dorsey and Janice Pendarvis – Backing Vocals
  10. “Dancing Out In Space” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals and Keyboards
    • Gerry Leonard – Guitar
    • David Torn – Guitar
    • Gail Ann Dorsey – Bass
    • Zachary Alford – Drums
  11. “How Does The Grass Grow?” – (Bowie/Jerry Lordan)
    • David Bowie – Vocals and Keyboards
    • Gerry Leonard – Guitar
    • David Torn – Guitar
    • Gail Ann Dorsey – Bass
    • Zachary Alford – Drums
    • Gail Ann Dorsey – Backing Vocals
    • Contains an interpolation of “Apache” written by Jerry Lordan and published by Regent Music Corp. and Francis, Day and Hunter.
  12. “(You Will) Set The World On Fire” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals
    • Earl Slick – Guitar
    • Gerry Leonard – Guitar
    • Tony Visconti – Bass
    • Sterling Campbell – Drums & Tambourine
    • Gail Ann Dorsey and Janice Pendarvis – Backing Vocals
  13. “You Feel So Lonely You Could Die” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals and Acoustic Guitar
    • Gerry Leonard – Guitar
    • David Torn – Guitar
    • Tony Visconti – Guitar
    • Gail Ann Dorsey – Bass
    • Zachary Alford – Drums
    • Henry Hey – Piano
    • Antoine Silverman, Maxim Moston, Hiroko Taguchi, Anja Wood – Strings
    • Tony Visconti – String Arrangement
    • Gail Ann Dorsey and Janice Pendarvis – Backing Vocals
  14. “Heat” – (Bowie)
    • David Bowie – Vocals and Acoustic Guitar
    • Gerry Leonard – Guitar
    • David Torn – Guitar
    • Gail Ann Dorsey – Bass
    • Zachary Alford – Drums
    • Antoine Silverman, Maxim Moston, Hiroko Taguchi, Anja Wood – Strings
    • Tony Visconti – String arrangement