miércoles, 29 de abril de 2026

Donde la música espera

a Ace

Ni de la cálida noche hablar.
Ni de las dulces flores,
ni de esas flores
que olíamos entre sepulcros
para escaparle al estrépito del verano.
No hablar de los airados niños
que siguen llegando.
Ni de los puentes que aúnan
tierras prometidas.
No hablar ya ni de aquel río,
ese que no vuelve,
ni del encanto de las luciérnagas,
ni del sublime acorde
que interpretaron nuestros cuerpos
aquella inesperada tarde.
No hablar ya más
de los buenos relatos,
de las malas historias,
ni de la verde pampa,
ni de las mágicas urbes
que hallábamos deslumbrados
cuando dormíamos.
No hablar de nadie ya:
todos y casi todo se han evadido
a clamar erráticos otras canciones
para guardarse del verdadero sonido.
No hablar ya más de la maldita lluvia,
de la barbarie de un mundo abisal
que persiste en postergar
al definitivo sol.
Acaso por tétrico designio
el añorado mar
ha sido el más abyecto
de todos los fraudes.
Ni de los padres hablar,
ni de las madres hablar,
ni de los tantos muertos
que han sido testigos
de nuestra apócrifa odisea.
No hablar de guerras perdidas,
ni de batallas ganadas,
si es todo a pérdida
en el terreno de la lucha.
Ni de la afrenta,
ni del prestigio hablar:
dos de las tantas formas
que adopta el engaño.
Hablarle sólo a ese niño
que sigue aguardando,
y andar,
caminar,
caminar siempre
hacia ese único desierto,
hacia ese único sol,
hacia ese único santuario
donde la música habita,
donde la música espera.