Los llevan por un presente
de cafés solitarios,
de casas deshabitadas,
de ciudades dormidas.
alguna vez fue tango Buenos Aires, las esquinas...
Como al cristal de las viejas copas,
arrulladas por el tenue sol
de las siestas de junio,
la vida los disipa cada tarde.
Corazón tan blanco el suyo (sí, por Marías, su novela),
capaces de llevar al límite su efímera materia
por gustar, por reproducir el trazo de su nimio destino:
herederos, hijos de una patria universal pero deshecha.
alguna vez se detuvo en un sueño el promediar del día
las esquinas
recordar, Buenos Aires...
las tardes
ya quietas
Y las mesas arden un fuego
de soledades despiertas
y ellos piensan en la noche,
en el anhelo del río
volviendo a cantar,
volviendo a recobrarlos...
miércoles, 24 de septiembre de 2014
domingo, 7 de septiembre de 2014
El Ardor
El Ardor es el tercer largometraje de Pablo Fendrik, lo precedieron El asaltante (2007) y La Sangre Brota (2008). El maravilloso marco natural de la selva misionera es el escenario de esta historia colmada —en el mejor y más logrado sentido— de guiños y tópicos cinematográficos. Una familia de campesinos, amedrentada por un grupo de mercenarios de poca monta que quiere apropiarse de su finca, recurre a un ancestral ritual de pedido de ayuda a los dioses, y en respuesta acude Kai, un chamán interpretado por Gael García Bernal. Kai encarna al justiciero, es un clarísimo guiño a las películas de samuráis o al western, en las cuales un lugar, víctima de una expoliación proveniente del "afuera", es preservado por quien acude a defender ese mundo bajo amenaza, con la diferencia —y he aquí uno de los aspectos más fuertes y conmovedores de la cinta— de que Kai pertenece al lugar, es más, podría decirse que "es" de alguna manera el lugar resguardándose de esa agresión externa: "...me ocurrió lo mismo que a ustedes e intenté adaptarme al pueblo, pero no pude, el monte es mi lugar" le explica el protagonista a la chica rescatada de los villanos. El canon del western está presente todo el tiempo en El Ardor: la llegada del héroe que es contemplada por la chica desde la ventana de su casa, los sombreros, las ruedas de carreta, el grupo de villanos comandados por un líder y hasta el duelo final entre los contendientes más representativos de la historia. Acaso uno de los puntos más logrados de la película sea el entendimiento magistral entre la cámara y el paisaje. La exuberancia de la selva, los sonidos naturales, conteniendo una situación portadora de su propio timing, escindida del mundo, resistiendo la penetración de lo externo. Ciertos momentos del film remiten asimismo a las inolvidables escenas enclavadas en el amazonas peruano de Aguirre, la ira de Dios (1972) y Fitzcarraldo (1982) del genial Werner Herzog. Manifestó Fendrik respecto de este hecho: "Lo admiro muchísimo; es un cineasta inspirador. Algunas de sus películas también están a mitad de camino entre el cine de autor y el de género, y eso es también un poco lo que intentamos acá." No son pocas las razones que ameritan ver El Ardor, pero tal vez la más importante sea que el cine en muchas de sus referencias y códigos de representación se encuentre felizmente presente a lo largo de sus cien minutos.
viernes, 8 de agosto de 2014
OSCURALIPSIS: Cuento de Violeta Soto
La hoja de la
fecha se despegó del calendario, lo hizo sola, aún no eran las doce de la
noche. Juan la observó en el suelo y se quedó pensando: "qué mal hacen las
cosas”; siguió escuchando la radio, se acostó, dio vueltas y más vueltas, y no
se pudo dormir.
Al
levantarse, calculando que ya había amanecido, miró por la ventana, pero aún
estaba el cielo muy oscuro. Fue hasta la cocina y sobre el piso vio caídas,
unas sobre otras, las hojas que quedaban del almanaque.
Todas cayeron
planeando hacia un círculo imperfecto, TODAS, hasta la del 31 de diciembre. Le
recordaron sus tiempos de pibe, cuando jugaba a las “figuritas” con sus amigos
del barrio y las dejaban caer desde una pared al piso, en una azarosa siembra
de fotos redondas, con la imagen de los ídolos del fútbol.
Miró otra vez
por la ventana: el jardín no se veía… No llegó el alba. En la radio terminó un
programa pero no comenzó el siguiente…, tampoco se escuchó el “pip” que anuncia
la hora, solo el ruido áspero de la estática, Y NADA.
Corrió el
dial…, y lo mismo: la estática.
En Oriente la
noche se prolongaba desde hacía más de un día, luego en África y en el
Atlántico. En su chacra Juan no notó que la noche había sido más oscura.
Grandes lagunas negras separaban el espacio entre las estrellas; algo era muy
extraño, pero Juan no reparó demasiado en eso. El sol fue una de las tantas
estrellas que se apagaron. No hubo amanecer…
El sueño lo
fue venciendo y Juan volvió a la cama para dormir, sin saber, igual que todos,
que el sueño sería infinito, de una noche infinita; que oscureció meridiano
tras meridiano. Todos los seres del planeta se durmieron para siempre,
envueltos en un frío que ya nunca los dejaría despertar.
jueves, 24 de julio de 2014
Linyera
Daniel Melingo fue en los '70 partenaire del músico brasileño Milton Nascimento. En los '80 formó parte de dos bandas emblemáticas del rock nacional: "Los Abuelos de la Nada" y "Los Twist", además de participar como invitado en uno de los proyectos solistas de Charly García: Piano Bar (1984). Como si estos antecedentes no bastaran para dar sobradas muestras de eclecticismo musical, desde 1995, quien declara sentirse identificado con la libertad anárquica del linyera, se convirtió en un originalísimo exponente del tango y la milonga urbana con sus álbumes: H2O (1995), Tangos Bajos (1998), Ufa (2003), Santa Milonga (2004), Maldito Tango (2007) y Corazón y Hueso (2011). El próximo 2 de agosto, en el ND Teatro de Buenos Aires, Melingo presentará Linyera, un LP en el que conviven desde una versión de la Canción del Linyera, de Antonio Tormo, o Volver a los 17, de Violeta Parra, hasta una bossa nova con versos de García Lorca; desde el Soneto para Daniel Reguera de Atahualpa Yupanqui, escrito en el año 1965, instrumentado —entre otros— por Jaime Torres y Skay Beilinson, hasta un tema dedicado a Juan Salvo, el entrañable personaje de El Eternauta. Vientos con sordina, tangos —en los que se ha incorporado al piano, contrariamente a las propuestas precedentes en que las guitarras jugaron un rol preponderante—, bandoneones y esa cruda impronta riberesca de esta suerte de Tom Waits rioplatense, cohabitan en el disco con sublimes arreglos de cuerdas y hasta con los ingredientes electrónico y dub en los bonus tracks. Cabe mencionarse lo dificultoso que es para cualquier músico plantearse fusionar universos líricos y musicales aparentemente tan distantes, sin llegar a esos pastiches construidos con la lógica de la mera suma de elementos sin criterio alguno. Linyera sale holgadamente airoso de ese desafío, constituyendo esto una de las muchas razones por las cuales este último trabajo de Melingo merece ser tenido en cuenta.
jueves, 26 de junio de 2014
Philip Selway: Coming Up For Air, adelanto de "Weatherhouse"
En agosto de 2010, Philip Selway, baterista de la ya legendaria Radiohead, comenzó junto a Sebastian Steinberg, Lisa Germano, Glenn Kotche y Pat Sansone, el proceso de grabación de Familial, su primer disco solista. Familial no fue felizmente en absoluto una secuela de su desempeño como baterista en la banda de Abingdon, fue por el contrario una propuesta conformada por diez canciones intimistas, muy logradas y maduradas a lo largo de varios años. El mismo Selway admitió la clara reminiscencia “Nick Drake” que se advierte en el álbum: “He escuchado a Nick Drake una absurda cantidad de veces durante años, y entonces todo eso se va filtrando dentro de ti sin que te des cuenta.” En 2011 fue lanzado Running Blind, un EP de cuatro canciones que van en la misma línea de los temas del disco que lo precedió. El próximo 7 de octubre, a través de Bella Union, será publicado Weatherhouse, un trabajo de diez canciones que configuran la tercer apuesta solista de Selway y del cual ya puede escucharse el primer track: Coming Up For Air. Con una orquestación mucho menos minimalista, un alejamiento de la impronta guitarrística y una línea percusiva más enérgica, este primer corte, -sobre el cual manifestó su artífice: “…es como un balance de mi vida. Quería transmitir una sensación de liberación y afirmación. Esta fue la primera canción que grabamos, pero desde el primer momento no tenía nada que ver con Familial-, abre lo que supone un álbum diferente a las composiciones en solitario que previamente mostró el baterista de Radiohead.
viernes, 6 de junio de 2014
Manucho y el cine: De la misteriosa Buenos Aires
Si
bien, al hablar de la vasta obra literaria de Manuel Mujica Láinez, no puede
omitirse el cuerpo conformado por la tetralogía de la aristocracia porteña: Los ídolos (1953), La casa (1954), Los viajeros (1955)
e Invitados en El Paraíso (1957), y
el constituido por algunas de sus últimas producciones: Cecil (1972), Sergio (1976),
Los cisnes (1977) y El gran teatro (1979), en el cual se
observa claramente la utilización de una prosa que se desliza con más fluidez, un
estilo más directo, y un soltar amarras del anacronismo; la novela histórica,
con el infaltable ingrediente fantástico, la ironía y la confesión entre líneas
de su verdad humana —artificios que se advierten con más nitidez en Bomarzo—, es el tópico desde el cual se
suele hacer una primera aproximación a la producción del escritor que pasó sus
últimos años en un enigmático caserón de las sierras de Córdoba. Aquí vivieron (1949), Misteriosa Buenos Aires (1950), Bomarzo (1962), El unicornio (1965) y El
laberinto (1974), fueron sin dudas las obras que más trabajo de
documentación acarrearon, y por lo tanto, las más representativas de la
fracción histórica de Manucho. Misteriosa
Buenos Aires, es un conjunto de cuentos en el que interactúan personajes
reales e imaginarios, haciendo un recorrido por la historia de la ciudad de
Buenos Aires, desde su segunda fundación, hasta principios del S. XX. De la misteriosa Buenos Aires, es un
tríptico cinematográfico realizado en 1981, adaptado por Ernesto Schoo, en que
se filmaron tres cuentos del libro de MML publicado en 1950: El hambre, dirigido por Alberto
Fischerman; La pulsera de cascabeles, dirigido
por Ricardo Wulicher y El salón dorado, dirigido
por Oscar Barney Finn. El film estuvo protagonizado por Aldo Barbero, Oscar
Cruz, Graciela Dufau, Eva Franco, José María Gutiérrez, Jorge Mayor, Walter
Santa Ana y Julia Von Grolman.
Enlace para ver la película completa
domingo, 1 de junio de 2014
Sobre pájaros y pájaros
¿Quién es la que grita
violando una cueva aún llena de espectros?
¿A qué viejos muertos intenta arrancar del reposo?
Es tan grande y perpetua la lejanía,
tan desconocido el legítimo nombre
del que aguarda:
(Ellos, Ellos)...La obscenidad en que habitan
los ha vuelto monstruos,
si hasta puede vérselos
escogiendo los mejores escenarios
para expoliar a sus hijos.
¿A quién hablan,
de qué hablan los que no saben bailar a solas?
Sigue tan turbio el río,
tan secreta y sepulcral la niebla
que arrastra esclavos a un lacerado enjambre:
se alimentan de ratas si es necesario
a cambio de una ventana incapaz de mostrar más
que otra desangelada ilusión de camisetas,
sangre seca,
la deslumbrante y efímera gloria
sangre seca,
la deslumbrante y efímera gloria
(parodistas que saltan por encima, si el secreto es tan claro -nunca dejarse tocar, nunca-)
Solo de eso se trata,
es tan simple y tan lúgubre
la cacofónica coreografía de algunas aves,
la cacofónica coreografía de algunas aves,
roen y roen sus propias alas
hasta quedar confinadas al barro.
¿Quiénes son los que esperan las mismas gracias
de parte de pájaros que no conocen el hierro,
que avanzan hacia el arriesgado y glacial destino?...
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